Tu agenda no es el escaparate de tu competencia. Tu cliente es tuyo. Punto. Estas son las seis cosas que Miryn no va a hacer, ni ahora ni cuando crezca.
Tu página de reservas lleva tu nombre, tus servicios y tu equipo. Nada más. No hay buscador de salones, ni «también te puede interesar», ni descuentos de la competencia esperando a tu clienta justo cuando iba a reservar contigo.
Tu agenda no es el escaparate de tu competencia.
Pagas la cuota y ya está. No hay comisión por reserva, ni por cliente nuevo, ni por la clienta de toda la vida que un día reservó desde el móvil.
Si un mes te va el doble de bien, pagas lo mismo. Eso es tuyo.
La agenda, las fichas, las fórmulas y las fotos de tus clientes son tuyas. Viven en servidores en España, aisladas de las de cualquier otro salón, y solo las ve tu equipo.
No hacemos publicidad con ellas ni se las vendemos a nadie. Y si un día te vas, te las llevas.
Las normas de Google no permiten poner cuotas de reseñas al equipo ni pedir reseñas que nombren a un empleado. Si lo detecta, puede borrarlas: justo las que más te ha costado conseguir.
Y es injusto. Quien hace un color de tres horas atiende a menos gente que quien hace cortes de veinte minutos, y tendría menos reseñas haciendo un trabajo igual de bueno.
Por eso Miryn pide su opinión a todos tus clientes, invita a todos a contarlo en Google y cuenta las reseñas solo para el salón. A cada persona del equipo la valora una encuesta privada, con la nota de quien se sentó en su silla.
Sin permanencia, sin letra pequeña y sin penalización por irte. Te quedas porque Miryn te hace el día más fácil o no te quedas.
Y si hoy te ata la permanencia de otra app, la pagamos nosotros, hasta 300 €.
Tu salón cuida cada detalle, y la pantalla del mostrador también es parte del salón. Cada pantalla de Miryn tiene que ser bonita y obvia: botones grandes, tres toques por cita y un modo noche que no deslumbra a última hora.
Si algo cuesta más de lo que debería, lo rehacemos.
Si algún día rompemos una de estas promesas, vete.
No hay permanencia y tus datos te los llevas. Esa es la única forma de que una promesa valga algo.